Nuevo otoño sin leña

Las nubes empiezan a anunciar el final del recreo, de los amaneceres, de las puestas de sol, del tiempo al aire libre. Aún más hoy donde los espacios cerrados puedan resultar una condena y las estufas de las terrazas aún están a falta de gas.

Sin miedo a despeinarme

Bailemos descalzos, desnudos y sin mochila. Si llega la lluvia, mi mejor paraguas es el que cala mi pelo sin miedo a despeinarme.

Venciendo al ganado con una pequeña oda a la amistad

Pasaban por ahí, como ganado trashumante, como ovejas que saltan tu cama cada noche. Las cuentas. A decenas. Pero algunas trasnochan en tu cama dejándose sus huellas marcadas de barro en las sábanas; otras dan saltos tan grandes que ni percibes el aire que debiera sacudirte; otras te acarician dejando un algodón que primero acolcha tu almohada pero que luego se acaba aplastando con el tiempo; pero otras se tumban a los pies de una cama en vela. 

Miedo e insecticida

El miedo te atrapa, te bloquea, te mengua, te condena a prisión. El miedo es capaz de arrancarte tu propia esencia del ser. Porque dejas de ser para parecer. El miedo es una sustancia venenosa, como una sanguijuela que te chupa la sangre, como una vacuna que te sacude y de pronto se apropia de tu energía vital. La noche se vuelve el día y el día la noche. El miedo tiene más barrotes que los de cualquier cárcel de Guantánamo. Te esposa de pies y manos, pero la privación de andar no te priva más que del movimiento. El miedo paraliza tu ser, tu apariencia, tu alma, tus ganas, tus sueños, tu dejarte sentir, aflorar, crecer y avanzar.

Humo

Por esta ventana entra demasiada claridad pero para mi este sol no calienta, se agazapa entre nubes densas muy oscuras. Preferiría la noche. Las farolas de esta calle son tan tenues que no serían capaces de alumbrar ni enfocar la suciedad que impregna este aire, la nube de polvo que cubre mi cuerpo, el velo…

Tras las trincheras ‘The Cliffs of Insanity’

Parecía un día cualquiera más en el dietario de Bridget. La agenda marcaba otra rutina autómata de quien no sabe vivir sin reglas. De quien no sabe dar un paso si no está apuntado en una lista. A quien los días no pertenecen y son calcos idénticos los unos de los otros. A quien la vida pasa fuera ajena y, adentro, solo es existencia muerta.

Proyecto de novela: Los ecos de Luna

Acababa de despertar. Yacía en una cama bajo unas sábanas blancas limpias y planchadas, perfectamente colocadas. Yo, embalada como en un cajón de algodón acartonado. Recta, derecha, con las piernas y los brazos tiesos, dispuesta como en un ataúd. Pero estaba en calma. ¡Joder! Me envolvía una paradójica y seductiva alucinación de paz, que hacía tiempo no me amparaba. No sentía dolor alguno, ni angustia, ni siquiera tristeza.

Stay on hold

Consumo horas al reloj despedazando jirones de papel mojado…

Los cuatro scherzos de Frédéric Chopin

—Percibo la vibración de esa nota desde que advertí que llegabas, en la distancia. Y la escucho cada vez que me acerco a ti. Y podría sonar contigo. Y bailar. —Pierde la vista en el río—. Si dejaras que mi nota se sumara a la tuya en la misma sintonía.

Cierra los ojos y engaña al alma

Y el dolor se diluye en el desagüe. La inquietud se contiene y el miedo se encoge. Y sonríes mientras reproduces la fábula que sostiene tu cabeza. Bálsamo para cobardes, recreo para valientes, burdo acicate para ánimas humanas.