Humo

Por esta ventana entra demasiada claridad pero para mi este sol no calienta, se agazapa entre nubes densas muy oscuras. Preferiría la noche. Las farolas de esta calle son tan tenues que no serían capaces de alumbrar ni enfocar la suciedad que impregna este aire, la nube de polvo que cubre mi cuerpo, el velo…

Tras las trincheras ‘The Cliffs of Insanity’

Parecía un día cualquiera más en el dietario de Bridget. La agenda marcaba otra rutina autómata de quien no sabe vivir sin reglas. De quien no sabe dar un paso si no está apuntado en una lista. A quien los días no pertenecen y son calcos idénticos los unos de los otros. A quien la vida pasa fuera ajena y, adentro, solo es existencia muerta.

Proyecto de novela: Los ecos de Luna

Acababa de despertar. Yacía en una cama bajo unas sábanas blancas limpias y planchadas, perfectamente colocadas. Yo, embalada como en un cajón de algodón acartonado. Recta, derecha, con las piernas y los brazos tiesos, dispuesta como en un ataúd. Pero estaba en calma. ¡Joder! Me envolvía una paradójica y seductiva alucinación de paz, que hacía tiempo no me amparaba. No sentía dolor alguno, ni angustia, ni siquiera tristeza.

Stay on hold

Consumo horas al reloj despedazando jirones de papel mojado…

Los cuatro scherzos de Frédéric Chopin

—Percibo la vibración de esa nota desde que advertí que llegabas, en la distancia. Y la escucho cada vez que me acerco a ti. Y podría sonar contigo. Y bailar. —Pierde la vista en el río—. Si dejaras que mi nota se sumara a la tuya en la misma sintonía.

Cierra los ojos y engaña al alma

Y el dolor se diluye en el desagüe. La inquietud se contiene y el miedo se encoge. Y sonríes mientras reproduces la fábula que sostiene tu cabeza. Bálsamo para cobardes, recreo para valientes, burdo acicate para ánimas humanas.

Bailando entre ascensores

Jugabais en aquel tiempo a un ascensor que subía al cielo. Tentabais el paraíso, descubriendo secretos, compartiendo pecados, saciando una sed recíproca.

Despierta incomprendido

Es el tipo incomprendido, que canta para no volver a las trincheras, que siente una ciudad decadente y sangrante tras una pared de cicatrices. Que se pierde en la niebla entre castillos, y sube peldaños de escaleras que, cree, no van a ningún lugar.

Desde el carril de la izquierda

Los hay que viajan siempre en el carril derecho de la carretera. Van despacio, cautos, pacientes, con la vista siempre puesta al frente y las manos perfectamente situadas entre las diez y diez y las tres menos cuarto